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5.8 La desesperacion

domingo, 19 de abril de 2009

 

5.8 La desesperación

El cuerpo de Jake empezó a temblar. Los músculos de su espalda se tensaban mientras su brazo me apartaba de su lado. Iba a entrar en fase. Las palabras de aquel neofito lo habían sacado de sus casillas. 

-Él sabe que “todos” estáis aquí… pronto lo veréis… la humana caerá…

Aquello fue la gota que colmo el vaso. Pronto los temblores se convirtieron en convulsiones… perdió el equilibrio y cayo sobre sus brazos. De su cuerpo empezó a salir más y más pelo. De sus manos y pies comenzó a brotarle unas espantosas garras. Por ultimo de su cara emergió lo que mas tarde se convertiría en su hocico.
Se abalanzó sobre el en escasos segundos. Fue en ese preciso momento cuando sentí como un pequeño objeto se clavo en mi hombro.

A partir de aquel momento todo se volvió borroso.

Desperté en una pequeña habitación. Estaba muy iluminada. No había nada a mí alrededor. Ni siquiera un mueble a parte de la cama en la que me encontraba. Solo una pequeña ventana con barrotes. Era de noche. Estaba sola. Aquello me produjo un horrible escalofrió que me puso la piel de gallina. ¿Qué hacia allí? ¿Dónde estaba? ¿Por qué estaba sola? ¿Dónde estaban todos? 
Busque con la mirada algo, no sabia exactamente el que, pero buscaba algo en aquella pequeña habitación que pudiese responder alguna de mis preguntas.
Analicé la habitación con sumo cuidado. A parte de la pequeña ventana y la cama en la que me encontraba no había nada mas solo, al otro lado de la habitación, se hallaba una puerta metálica con un número pintado en ella. El numero “5”. ¿Qué significaba aquel número? ¿5?.

Di un salto de la cama. ¡Ahh! Gemí para mi misma y con un acto reflejo me lleve la mano al hombro. ¡Aquel objeto! Rápidamente busque en mi hombro alguna clase de marca de un golpe, un pinchazo…o algo parecido. Pero no había nada. Ni siquiera estaba rojo por el golpe. ¿Pero que narices estaba pasado allí? La sensación de miedo y desasosiego se estaba convirtiendo en furia. Eso no era nada bueno para mí… ni para el que me había metido allí.
Continué examinando la habitación. Hasta que encontré algo. Debajo de la cama había un extraño objeto. No dude ni un segundo y lo saque de ahí. Aquello si que me sorprendió. ¡Era un peluche! ¡Un dulce conejito de peluche! ¿Qué hacia eso ahí debajo? A caso esta habitación había sido antes de…

Unos golpes sordos en la puerta metálica hicieron que se me escapase el conejito de las manos. Volvieron a sonar y sin más todo volvió a la calma. Los estruendos cesaron. Pasados unos minutos y recuperada del susto de dirigí hacia la puerta de puntillas. No se oía nada. Me apoye contra ella para intentar escuchar algo, pero cual seria mi sorpresa… cuando la puerta se abrió y caí hacia delante.

-¡Ahh!- grite antes de taparme la boca con las manos al darme cuenta de la situación.

¿Estaba abierta? Mis ojos atónitos observaron el nuevo entorno en el que me encontraba. Un pasillo vagamente iluminado con varios fluorescentes dibujaban ante mi el lugar en el que me encontraba. La luz artificial no es que fuese de gran ayuda, la mayoría de los fluorescentes estaban rotos o pestañeaban, aquello provocaba que lo viese todo entre pequeños parpadeos. Todo el pasillo se hallaba lleno de puertas exactamente iguales a la mía. Todas ellas estaban marcadas con un número. En total pude contar como unas 20 puertas. En el más profundo de los silencios atravesé aquel pasillo llegando a un gran despacho. Parecía que me encontrase en un hospital. Pero a diferencia del único hospital que había visto en mi vida, en el que  había trabajado el abuelo en Forks, este era mucho mas lúgubre y las instalaciones de las que estaba dotadas eran… demasiado sobrias… por no llamarlas espeluznantes. Todo estaba sucio. El suelo, los azulejos… ¡No podía haber nadie allí! ¿Pero quien había llamado a mi puerta? ¿Quizás fue ese alguien el que la abrió? ¡Dónde estaba! Mi desesperación aumentaba por momentos.

De repente sentí frió, mucho frió. Estaba tiritando. Me lleve las manos a los bolsillos pero me encontré con una desagradable sorpresa. Ya no tenía puestos mis viejos vaqueros, ni mi camiseta blanca. En su lugar un camisón blanco que me cubría hasta las rodillas y unas zapatillas azules sustituían mi ropa. ¡Que estaba pasando aquí! ¡Tan solo hace unos segundos llevaba mi ropa puesta! Me lleve las manos a la cara, desesperada intentando secar las lágrimas que surgían sin cesar. Entre ellas intente observar si mi cuerpo había experimentado algún cambio más y sin inmutarme esta vez, pude ver como mis brazos se habían llenado de cientos de marcas de pinchazos. 
Desesperada y temblando busque en aquel lúgubre despacho algo que me sirviese para huir. ¡Una pequeña ventana de madera justo detrás de la puerta! Corrí hacia ella y después de varios intentos logre abrirla. No era una ventana… era un ascensor, un pequeño ascensor en el cual subía la comida desde la cocina hasta allí.
Sin pensarlo intente meterme dentro. Era demasiado pequeño. ¡No entraba! Me agarraba con todas mis fuerzas y empujaba hacia dentro pero no…

- Es inútil –sonó una voz detrás de mi.

Me gire despacio. Secándome las lagrimas. ¡No podía ver nada!

-Es inútil hermanita… es inútil –volvió a decir aquella voz que ahora se me hacia familiar.

Entre las lágrimas y el pestañeo de los fluorescentes logre vislumbrar aquellos característicos ojos verdes.

-¡Kahiel! ¿Dónde estoy? ¡Qué narices quieres de mí! ¡Dímelo de una maldita vez! ¡Dímelo! –grite desolada dejándome la voz en ello.

-Pronto lo entenderás todo hermanita… pronto… falta poco… y tú lo sabes –su mirada era triste, no era como otras veces- … falta muy poco.

-¡Falta poco para que! ¡Maldición Kahiel dímelo! –ya no le tenia miedo, el miedo ya se había apoderado de mi cuerpo hacia varios minutos atrás.

-Ya soy muy generosa contigo hermanita… pronto sabrás el por que de todo… pero mientras tanto… quiero hacerte un pequeño regalo… como muestra de mis intenciones…

-¿Qué? ¿Un regalo? ¿Pero tú no querías matarme? ¡Mierda que pasa aquí! –grite llevándome las manos a la cara.

-No te desesperes –dijo entre risas- si quisiese matarte… ¿acaso crees que no estarías ya muerta? –su risa ceso, clavo sus ojos en los míos y pronuncio las palabras que se quedarían gravadas en mi mente para siempre.

- Te necesito viva para mis planes Reenesme…al fin y al cabo...somos... iguales


O_o_kristy_o_O

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