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4. 31 Desenfreno

viernes, 20 de marzo de 2009

 

4. 31 Desenfreno

-¡Basta! –grite tapándome los oídos- ¡No quiero escuchar nada mas!

-¡Cariño tranquilízate no debes alterarte así! ¡Como sigas así puedes provocarte una..!

Veía como los labios de mi madre se movían, pero no conseguía oír nada. No quería escucharla. La furia y la confusión me rodeaban. ¿Qué era lo que había visto? ¿Jacob? ¿Realmente fue…eso lo que vi? ¡Jacob y Leah! La cabeza me daba vueltas. El calor acudió a mi rostro y un ligero mareo movió todo de su sitio durante unos segundos. 

Sabía que era Jake el que estaba al otro lado de la puerta con mi padre. Podía oírlos… podía oler su aroma a pesar de no estar a su lado. Aparte a mi madre de mi camino. Y me encerré en el baño de la habitación. Debía tranquilizarme. Una  nueva oleada sacudió mi cuerpo y me aferre a lavabo para no caerme.  Fije mis ojos en aquel espejo. 
La chica que me miraba me desgarro el alma. Unas ojeras profundas y amoratadas se dibujaban debajo de mis ojos. Estos rojos… hinchados y aun llorosos me contemplaban vidriosos. Clave con fuerza mis dedos en el lavabo. Apreté mis labios hasta que se convirtieron en una fina línea. ¡Debía tranquilizarme!. Tenia que pensar lo que había pasado. Pero todos los indicios me acababan conduciendo a ella. ¡Leah!
¡Maldita! ¡Lo llevaba buscando desde que apareció en el bosque! ¡Eso es lo que quería de Jacob! ¡Seducirlo! Y llevárselo de mi lado… unos pequeños pedazos de mármol se precipitaron al suelo, justo a mis pies, seguidos de unas pequeñas gotas de sangre.
Apreté los dientes, y volví a dirigir la vista hacia aquel espejo. Solo vi ira y pura rabia. Levante mi mano y el espejo se convirtió en miles de pedazos esparcidos por todo el baño.

-¡Nessie! ¡Que ha pasado! ¡Ábreme o…! –gritaba mi madre desde el otro lado de la puerta.

Mire mi reflejo en un pedazo ensangrentado de cristal que se encontraba a mis pies. El color de mis ojos había cambiado completamente, solo unas pequeñas manchas doradas adornaban el más negro y profundo color de mis pupilas. Me lamí las heridas de la mano. Y Abrí la puerta.

-¿Nessie? ¡Olí a sangre y…! ¡Nessie tu mano esta sangrando! –grito horrorizada mi madre al ver las secuelas de mi desahogo- Déjame que te…

-¡No! –grite- déjame salir… debo … solucionar una cosa…-debí de sonar bastante convincente por que después de ver horrorizada el estado en el que había dejado el lavabo no dijo nada mas.

Sin mas dilación me dirigí a “nuestra habitación”. ¡Perfecto! Solo podía percibir el maldito olor de esa loba. Estaba sola. Era una oportunidad que no pensaba desperdiciar. Desencaje una de las bisagras de la puerta de un manotazo. Entre tranquilamente en la habitación y me encontré con Leah en la cama. Parecía que mi entrada le había pillado por sorpresa. Perfecto. Se levanto rápidamente de la cama y me dedico una sonrisa malévola. 

-Estabas tardando demasiado, pensé que no ibas a pelear… por tu hombre niñita –rió con aire de suficiencia y me dedico un profundo rugido amenazador. 

En otra ocasión aquello me habría asustado, pero estaba claro que no me encontraba en posición de pensar con demasiada claridad. No me lo pensé dos veces y ataque directamente.

Rodamos por el suelo de la habitación varios segundos. Pero no tarde demasiado en elevarla entre mis manos contra la pared.

-¡Escúchame bien lobita, por que no pienso volver a repetírtelo! ¡Jacob no es mi hombre! ¡Es libre de hacer lo que el desee! ¡Pero no vuelvas a interponerte en mi camino! ¡O quedaras igual que aquel oso! – le escupí cada palabra mas alto que la anterior. 

-Pobre niñita… no sabes lo que se te viene encima… -rió aun entre mis manos.

Aquello me desquicio y mi mano le devolvió el mismo bofetón que me habían propinado sus palabras. Una mancha de sangre tiño la moqueta de la habitación. 
En ese mismo momento apareció Jake en la puerta. Acalorado presencio la escena y decido intervenir antes de que…

-Leah… ¡Desaparece! –grito y la loba salio de la habitación sin oponer ninguna resistencia.

Aquellos ojos me miraron. Me desgarraba el corazón todo lo sucedido. Pero no podía evitar mirarle y… le quería… le quería tanto. ¡Como había podido haberme echo eso! ¡Con ella! ¡En mis narices! Una lagrima de puro odio se escapo de su cárcel. Rugí y me abalancé sobre el. Pero no tardo mucho en acorralarme contra la pared sujetándome las muñecas por encima de la cabeza. 

- ¡Cálmate! ¡Déjame explicarte por favor!-grito a pocos centímetros de mi cara.

-¡Suéltame! ¡Te vi Jacob! ¡te vi! –le reproche entre lagrimas.

-¡No es lo que piensas! –me contesto.

Pero no quería escucharle solo podía ver una y otra vez aquella escena en mi cabeza. Jacob y Leah tumbados en la cama y su cara  a pocos centímetros de la de ella. Sentí como un ramalazo que me saco de todos mis pensamientos cuando los labios de Jake acallaron los míos. Me quede quieta. Petrificada cuando sus ojos se clavaron en los míos. ¡Era esa mirada de nuevo! ¡La misma que me había dedicado antes de ..!
 Su cuerpo se encendió como una cerilla. Sus labios comenzaron a moverse cada vez más apasionadamente. Se separo unos segundos de los míos.

-Perdóname pero… no puedo… no puedo parar y eres la única que yo… si no quieres… deberás pararme tu – acabo de pronunciar aquellas palabras y soltó una de mis muñecas para agarrarme las dos con una mano y con su brazo libre rodeo mi cuerpo y lo pego al suyo.

¡No entendía nada! Pero yo tampoco podía parar. Solo me deje llevar por toda aquella pasión. Estaba fuera de si. Su cuerpo se comportaba de otra forma. Me necesitaba. Podía percibirlo en cada gemido. Cada caricia. Como desgarraba mi ropa y movía su cuerpo. Era demasiado intenso. Intente pararle en varias ocasiones. Aquello se salía de lo normal. Parecía no saciarse de mi cuerpo. Sus voluminosos labios rozando mi cuello desde la mandíbula hasta el hombro. Sus manos antes tímidas y cautelosas se aferraban a mi cuerpo apretándolo cada vez más contra el suyo en una oleada de desenfreno y éxtasis. No iba aguantar mucho más. Las palabras no aprecian calmarle. En un intento desesperado antes de que mi cuerpo cayese exhausto, clave mis colmillos en su cuello profiriéndole un agudo rugido, una mezcla de placer y dolor. Después de varios segundos succionando el preciado liquido rojizo de su cuello, se debilito y caímos al suelo envueltos en una película de sudor.
Lamí cuidadosamente la herida que le había inflingido y bese sus labios antes de que se quedase dormido del agotamiento.

-Perdoname…


O_o_kristy_o_O

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